{"id":7801,"date":"2023-05-02T06:49:56","date_gmt":"2023-05-02T06:49:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.icip.cat\/perlapau\/?post_type=article&#038;p=7801"},"modified":"2023-05-16T11:50:53","modified_gmt":"2023-05-16T11:50:53","slug":"populismo-punitivo-o-politicas-sociales","status":"publish","type":"article","link":"https:\/\/www.icip.cat\/perlapau\/es\/articulo\/populismo-punitivo-o-politicas-sociales\/","title":{"rendered":"\u00bfPopulismo punitivo o pol\u00edticas sociales?"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"primer\"><strong>El populismo punitivo es la estrategia pol\u00edtica<\/strong> que consiste en utilizar el derecho penal para obtener r\u00e9ditos electorales, asumiendo la premisa de que el aumento de la severidad de los castigos implica la reducci\u00f3n los delitos<a id=\"_ftnref1\" href=\"#_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>. Siguiendo esta estrategia, los decisores pol\u00edticos lanzan y aprueban propuestas de endurecimiento de las condenas para dar una respuesta inmediata, y aparentemente sencilla, a preocupaciones sociales como los cr\u00edmenes de gran repercusi\u00f3n medi\u00e1tica o el miedo por el incremento de actividades delictivas protagonizadas por multirreincidentes. La expresi\u00f3n se empez\u00f3 a utilizar en los a\u00f1os 90, en un momento de fuerte crecimiento de la poblaci\u00f3n penitenciaria en la mayor\u00eda de pa\u00edses occidentales y en el que triunfaban los discursos de \u00abtolerancia cero\u00bb ante el delito, dejando atr\u00e1s los consensos de las d\u00e9cadas anteriores.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre la Segunda Guerra Mundial y los a\u00f1os 70 del siglo XX, los discursos medi\u00e1ticos, pol\u00edticos y acad\u00e9micos, coinciden en que la respuesta ante el delito ten\u00eda que ser una combinaci\u00f3n de trabajo social, reformas institucionales y programas de tratamiento. En aquel per\u00edodo, reivindicar p\u00fablicamente soluciones punitivas contra la delincuencia se consideraba, tanto en la Europa de los estados del bienestar como en los Estados Unidos, una salida de tono vengativa que colisionaba con los valores dominantes y la evidencia emp\u00edrica<a href=\"#_ftn2\" id=\"_ftnref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a>. Sin embargo, en los a\u00f1os 80 se empez\u00f3 a perder la confianza en el conocimiento de los expertos y en la capacidad de los estados del bienestar para mantener el orden social. Como resultado, las propuestas punitivas para combatir la criminalidad ganaron terreno.<\/p>\n\n\n\n<p>Este giro represivo proviene de muchas causas interrelacionadas. En primer lugar, las transformaciones que han sufrido las sociedades occidentales en las \u00faltimas d\u00e9cadas han supuesto un aumento de las desigualdades, de la pobreza y del paro. En segundo lugar, tras las revoluciones de finales de los 60, hemos vivido una reacci\u00f3n conservadora que ha comportado un cambio en la percepci\u00f3n social de los delitos. Se descalifican las explicaciones estructurales y complejas de la criminalidad tach\u00e1ndolas de \u00abjustificaciones sociales del crimen\u00bb y avanza un discurso individualista donde los delincuentes son seres ego\u00edstas e inmorales que act\u00faan contra los intereses leg\u00edtimos del resto de la sociedad. Los hurtos, los atracos o el tr\u00e1fico de drogas ya no se ven como resultado de la marginaci\u00f3n y la pobreza, sino como un comportamiento racional antisocial. Y, en tercer lugar, el incremento de hechos delictivos que se produce en las calles de las ciudades, vinculado al consumo de algunas drogas, propicia el ataque a las pol\u00edticas rehabilitadoras, por ineficaces.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Les propuestas punitivas para combatir la inseguridad han ganado terreno. Se descalifican las explicaciones estructurales y complejas y avanza un discurso individualista donde los delincuentes son seres ego\u00edstas e inmorales<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>La renovada fe en el sistema penal como herramienta de control social est\u00e1,&nbsp; pues, \u00edntimamente ligada a las transformaciones socioecon\u00f3micas del \u00faltimo tercio del siglo XX. El auge del populismo punitivo se concreta en la transformaci\u00f3n del papel asignado socialmente a la c\u00e1rcel, la magnificaci\u00f3n de la importancia de la opini\u00f3n de las v\u00edctimas y la politizaci\u00f3n y el uso electoralista de la percepci\u00f3n de inseguridad.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La c\u00e1rcel: eje central del punitivismo<\/h3>\n\n\n\n<p>Si en alg\u00fan momento del siglo pasado hab\u00eda quien defend\u00eda que las sociedades humanas acabar\u00edan superando el uso de la reclusi\u00f3n como respuesta a la transgresi\u00f3n de las normas, hoy vemos como las c\u00e1rceles se han convertido en el eje central de los mecanismos de control penal en todo el mundo<a href=\"#_ftn3\" id=\"_ftnref3\"><sup>[3]<\/sup><\/a>. La mayor\u00eda de las voces expertas atribuyen el crecimiento del n\u00famero de internos penitenciarios a transformaciones en las pol\u00edticas penales y no a un aumento de la delincuencia<a href=\"#_ftn4\" id=\"_ftnref4\"><sup>[4]<\/sup><\/a>. El incremento m\u00e1s espectacular se produjo en los Estados Unidos de Am\u00e9rica, donde la poblaci\u00f3n reclusa pas\u00f3 del medio mill\u00f3n de personas a m\u00e1s de dos millones entre 1980 y 2008. El inmenso volumen de actividad del sistema penitenciario norteamericano ha dado lugar a lo que la profesora Angela Davis denomina el \u201ccomplejo industrial carcelario\u201d:un entramado de intereses econ\u00f3micos y corporativos que se alimentan del hecho de que las c\u00e1rceles se hayan convertido en una pieza fundamental de la gobernabilidad de los malestares propios de las sociedades postindustriales<a href=\"#_ftn5\" id=\"_ftnref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso extremo de Estados Unidos ilustra una tendencia com\u00fan en todas las sociedades occidentales. La p\u00e9rdida de confianza en la funci\u00f3n rehabilitadora de las c\u00e1rceles no ha llevado a cuestionar la utilidad de la reclusi\u00f3n; en lugar de preguntarnos si encerrar durante largos per\u00edodos de tiempo a las personas que cometen delitos en enormes instalaciones en las afueras de las ciudades tiene alg\u00fan efecto reeducativo, hemos asumido acr\u00edticamente que encarcelando a m\u00e1s gente viviremos m\u00e1s tranquilos. Se espera que las instituciones penitenciarias trasladen al delincuente el rechazo y el deseo de venganza de la sociedad y que mantengan controlados a los individuos peligrosos con el fin de preservar la seguridad del resto de la ciudadan\u00eda<a href=\"#_ftn6\" id=\"_ftnref6\"><sup>[6]<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En Espa\u00f1a, la aprobaci\u00f3n del denominado C\u00f3digo Penal de la Democracia, que el a\u00f1o 1995 substituy\u00f3 a la legislaci\u00f3n penal franquista, introdujo penas substitutivas de internamiento penitenciario, pero tambi\u00e9n m\u00e1s severidad y un alargamiento efectivo de la duraci\u00f3n de las penas por la supresi\u00f3n de la posibilidad de reducci\u00f3n por trabajo. Desde entonces, la historia del sistema penal espa\u00f1ol ha estado marcada por el punitivismo y las sucesivas reformas se han orientado a ampliar los supuestos de entrada en las c\u00e1rceles y los tiempos de internamiento.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>En lugar de preguntarnos si encerrar durante largos per\u00edodos de tiempo tiene alg\u00fan efecto reeducativo sobre las personas que cometen delitos, hemos asumido acr\u00edticamente que encarcelando a m\u00e1s gente viviremos m\u00e1s tranquilos<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>La introducci\u00f3n de la c\u00e1rcel permanente revisable, aprobada en el a\u00f1o 2015 por el Congreso de los Diputados como parte de la ley de Seguridad Ciudadana, es muy representativa de esta tendencia punitivista. Supone un internamiento penitenciario de temporalidad indefinida y, a pesar de que la privaci\u00f3n de libertad se puede revisar, la intenci\u00f3n de incorporarla al ordenamiento jur\u00eddico responde a la voluntad de disponer de un castigo equiparable a la cadena perpetua. Tal y como se expresa en la exposici\u00f3n de motivos, la prisi\u00f3n permanente revisable est\u00e1 pensada para \u00abdelitos de extrema gravedad en los que los ciudadanos demandaban una pena proporcional al hecho cometido\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante la legislatura que va de diciembre de 2011 a abril de 2014, el entonces ministro de Justicia en Espa\u00f1a, Alberto Ruiz-Gallard\u00f3n, anunci\u00f3 cambios en el sistema penal que incluir\u00edan la prisi\u00f3n permanente revisable y la custodia de seguridad, con la finalidad de proporcionar una respuesta penal m\u00e1s adecuada a ciertos cr\u00edmenes que causan una especial repulsa social. Desde los primeros debates al respecto, la defensa de la privaci\u00f3n de libertad indefinida se basaba en el rechazo social y en la alta peligrosidad de algunos tipos de delincuentes. Es decir, se aceptaba y se justifica la cadena perpetua, por m\u00e1s revisable que fuera, por la necesidad de castigar el crimen y para salvaguardar la seguridad, considerando que, para algunos delitos, la funci\u00f3n rehabilitadora no ten\u00eda ning\u00fan sentido.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>La instrumentalizaci\u00f3n de las v\u00edctimas<\/h3>\n\n\n\n<p>Para justificar esta preponderancia de la funci\u00f3n retributiva del sistema penal, los discursos del populismo punitivo convierten la relaci\u00f3n entre las v\u00edctimas y los delincuentes en un juego de suma cero. Cualquier cuestionamiento de la utilidad de mantener encarcelados a los causantes del dolor ajeno se considera un insulto hacia sus v\u00edctimas.<\/p>\n\n\n\n<p>No es casual que los incrementos en las penas se anuncien en medio del revuelo causado por casos de asesinato y agresiones sexuales a ni\u00f1os y adolescentes, o que los testigos de estas v\u00edctimas y sus familiares sean centrales en los debates pol\u00edticos y en las tertulias. En Espa\u00f1a, para la reforma penal del 2015, el Partido Popular utiliz\u00f3 el triste caso de Marta del Castillo para apelar a la visceralidad de la opini\u00f3n p\u00fablica y convertir la necesidad del endurecimiento de la severidad del sistema penal en sentido com\u00fan. El febrero de 2014, este partido, entonces en el gobierno, cit\u00f3 para que compareciera en el Congreso de los Diputados al padre de la joven asesinada el a\u00f1o 2009 para defender sus propuestas de tratamiento de los cr\u00edmenes para los que consideraba que no hab\u00eda reinserci\u00f3n posible. La comparecencia situaba a la v\u00edctima en el centro del debate, como se hab\u00eda hecho en otras ocasiones en los debates sobre el tratamiento penal de los condenados por terrorismo.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Los discursos del populismo punitivo convierten la relaci\u00f3n entre las v\u00edctimas y los delincuentes en un juego de suma cero, y se asume que todas las v\u00edctimas comparten un mismo deseo de venganza<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>El supuesto inter\u00e9s de las v\u00edctimas pasa por encima del inter\u00e9s com\u00fan. Se asume que todas ellas comparten un mismo deseo de venganza; la severidad del castigo se presenta como parte de su compensaci\u00f3n y los posibles beneficios penitenciarios para los penados parecen un agravio para el conjunto de la sociedad. Se exige m\u00e1s prisi\u00f3n y durante m\u00e1s tiempo, con independencia de la evidencia emp\u00edrica que pone en cuesti\u00f3n que la duraci\u00f3n de las condenas tenga relaci\u00f3n alguna con las probabilidades de reincidencia. Como se\u00f1ala David Garland<a href=\"#_ftn7\" id=\"_ftnref7\"><sup>[7]<\/sup><\/a>, antes de los a\u00f1os 80 era impensable que personas con responsabilidades pol\u00edticas en las democracias occidentales manifestaran p\u00fablicamente su apoyo a la venganza institucional o al castigo expresivo del delito por parte del Estado, pero la instrumentalizaci\u00f3n del sufrimiento ha permitido normalizar la visceralidad en los debates p\u00fablicos sobre cr\u00edmenes y penas.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>El uso electoral del miedo<\/h3>\n\n\n\n<p>Ante el desprestigio de la pol\u00edtica (y de los pol\u00edticos), ofrecer respuestas concretas a hechos impactantes se ha convertido en una herramienta para llegar al electorado. Las respuestas a las inseguridades provocadas por el aumento de la pobreza y la precariedad son percibidas como insuficientes y la mayor\u00eda de los partidos pol\u00edticos se concentran en los miedos para los que s\u00ed parece existir una receta sencilla y f\u00e1cilmente comunicable. Aparentemente, es m\u00e1s f\u00e1cil proponer incrementos de efectivos en los cuerpos de seguridad o modificaciones normativas que se identifiquen como mano dura ante el delito y el incivismo que debatir acerca de pol\u00edticas sociales, laborales o de vivienda, y las implicaciones que \u00e9stas tienen en los privilegios de las \u00e9lites econ\u00f3micas.<\/p>\n\n\n\n<p>En el alarmismo que se genera en torno a cr\u00edmenes especialmente repulsivos o a la peligrosidad de los delincuentes multirreincidentes, se identifican algunas de las estrategias de manipulaci\u00f3n informativa descritas por Noam Chomsky. En primer lugar, sirven como distracci\u00f3n de otros problemas cotidianos mientras que dan relevancia a problemas inexistentes para los que se ofrecen soluciones f\u00e1ciles (no me refiero a los cr\u00edmenes en s\u00ed, sino a la supuesta laxitud del sistema penal que se pretende solucionar a golpe de reforma penal). En segundo lugar, buscan generar respuestas emocionales evitando un an\u00e1lisis contrastado de las alternativas. La centralidad de las v\u00edctimas, el foco sobre casos extremos, la interpelaci\u00f3n al miedo por la integridad f\u00edsica propia y la de los seres queridos, etc., anulan deliberadamente el debate en torno al inter\u00e9s colectivo. En tercer lugar, mantienen al p\u00fablico en la ignorancia ocultando los datos objetivos sobre criminalidad y delincuencia y desacreditando sus fuentes. Y, en cuarto lugar, parten del conocimiento de las din\u00e1micas sociales y de las corrientes de opini\u00f3n que ofrecen las herramientas de an\u00e1lisis sociol\u00f3gico del Estado y de empresas especializadas, ya que el populismo punitivo responde a c\u00e1lculos electoralistas basados en sondeos y encuestas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Aparentemente, es m\u00e1s f\u00e1cil proponer incrementos de efectivos en los cuerpos de seguridad o mano dura ante el delito y el incivismo que debatir acerca de pol\u00edticas sociales, laborales o de vivienda<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>El discurso del populismo punitivo mezcla los asesinatos, la violencia sexual o el terrorismo con la delincuencia del d\u00eda a d\u00eda y la percepci\u00f3n de inseguridad. La preocupaci\u00f3n por la llamada delincuencia com\u00fan no solamente se expresa en las reformas legislativas; tambi\u00e9n ha comportado la adopci\u00f3n y la normalizaci\u00f3n de las llamadas pol\u00edticas de \u00abtolerancia cero\u00bb. Este t\u00e9rmino se populariz\u00f3 a partir de la publicidad internacional que recibi\u00f3 la estrategia que el alcalde Rudolph Giuliani puso en marcha en Nueva York entre 1995 y 2000. El foco de la pol\u00edtica \u00abanticriminal\u00bb de Giuliani fue el acoso permanente a las personas m\u00e1s empobrecidas de la sociedad presentes en espacios p\u00fablicos. Mediante la intensificaci\u00f3n de la presencia de polic\u00eda uniformada en las calles de la ciudad, William Bratton, el jefe del Departamento de Polic\u00eda de Nueva York (NYPD), se propuso luchar contra realidades tan diversas como la compra y la venta de drogas a peque\u00f1a escala, la prostituci\u00f3n, el sinhogarismo, los grafitis, etc., y se refiri\u00f3 a las personas involucradas como \u00abpar\u00e1sitos\u00bb sociales (<em>squeegee pest<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>En cinco a\u00f1os, el n\u00famero de efectivos del NYPD aument\u00f3 en 12.000 agentes (un 26&nbsp;% del total), mientras que disminu\u00eda en 8.000 el n\u00famero de trabajadores y trabajadoras de los servicios sociales. El descenso de la criminalidad en la ciudad se atribuy\u00f3 a la agresiva pol\u00edtica de persecuci\u00f3n, y <em>think tanks<\/em> como la Heritage Foundation o el Manhatan Institute convirtieron a William Bratton en una celebridad de la criminolog\u00eda conservadora a escala internacional. Pero en su ofensiva publicitaria olvidaron intencionadamente que otras ciudades como Boston o San Diego experimentaron una reducci\u00f3n de la criminalidad similar a la de Nueva York con estrategias basadas en la mediaci\u00f3n y sin aumentar el n\u00famero de agentes callejeros. Tambi\u00e9n obviaron que el descenso de la criminalidad se inici\u00f3 tres a\u00f1os antes del nombramiento de Giuliani y del inicio de sus pol\u00edticas<a href=\"#_ftn8\" id=\"_ftnref8\"><sup>[8]<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La expansi\u00f3n (y el \u00e9xito) de los discursos pol\u00edticos y medi\u00e1ticos de la tolerancia cero tiene consecuencias sobre la percepci\u00f3n social de los mecanismos de control y castigo del delito. Hay tres que merecen una menci\u00f3n especial: dan a entender que se puede combatir y reducir la delincuencia sin tener en consideraci\u00f3n sus causas; vinculan problemas como la suciedad, el ruido o las muestras de pobreza en la calle con la delincuencia; y convierten a los cuerpos policiales en los encargados de solucionar un interminable abanico de problemas enmarcados en el \u00e1mbito difuso de la convivencia.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>La expansi\u00f3n (y el \u00e9xito) de los discursos pol\u00edticos y medi\u00e1ticos de la tolerancia cero tiene consecuencias sobre la percepci\u00f3n social de los mecanismos de control y castigo del delito<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Vehicular las reacciones a las inseguridades y las molestias percibidas por los vecindarios a trav\u00e9s de los cuerpos policiales desplaza la responsabilidad del cuidado de las relaciones sociales y comunitarias hacia una autoridad externa especializada en el control, con la que se establece una l\u00f3gica de queja-respuesta y a la que se piden soluciones inmediatas sin necesidad de interacci\u00f3n entre las partes en conflicto. Las quejas que movilizan los recursos policiales suelen focalizarse sobre los individuos que generan incomodidad y que son m\u00e1s visibles y presentes en las calles. Controlar la actividad de j\u00f3venes, personas sin techo o grupos de personas que se re\u00fanen en el espacio p\u00fablico a causa de la precariedad de sus viviendas o habitaciones, acaba convirti\u00e9ndose en una exigencia por parte de los vecinos y vecinas hacia las administraciones p\u00fablicas, personificadas en los agentes de polic\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><a><\/a>Conclusiones<\/h3>\n\n\n\n<p>El endurecimiento de los c\u00f3digos penales se fren\u00f3 poco despu\u00e9s de la crisis financiera de 2008. En Espa\u00f1a, la poblaci\u00f3n reclusa lleg\u00f3 en aquellos momentos a su m\u00e1ximo hist\u00f3rico, con 76.951 personas encarceladas, 164 por cada 100.000 habitantes,<a href=\"#_ftn9\" id=\"_ftnref9\"><sup>[9]<\/sup><\/a> para iniciar un lento descenso en los a\u00f1os siguientes. En Estados Unidos, dem\u00f3cratas y republicanos coinciden en la preocupaci\u00f3n por los costes econ\u00f3micos del encarcelamiento masivo. Un informe del Brennan Center for Justice<a href=\"#_ftn10\" id=\"_ftnref10\">[10]<\/a> publicado en 2016 estimaba que el 39&nbsp;% de las personas que cumplen condena de privaci\u00f3n de libertad en ese pa\u00eds no representaban un peligro para la seguridad ciudadana, y que podr\u00edan estar cumpliendo penas alternativas que supondr\u00edan un ahorro de m\u00e1s de veinte mil millones de euros anuales. Algunas propuestas planteadas en el informe, como el desarrollo de programas de deshabituaci\u00f3n de drogas ampliamente extendidas en los barrios empobrecidos, o la reducci\u00f3n de las penas a personas culpables de delitos violentos, han tenido mayor aceptaci\u00f3n entre representantes pol\u00edticos de la que se hubiera esperado hace una d\u00e9cada, a la luz de los elevados costes econ\u00f3micos de las pol\u00edticas de encarcelamiento masivo.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>La alternativa al populismo punitivio no es negar el derecho de las personas a sentirse seguras, sino impulsar pol\u00edticas que realmente generen seguridad, y una cultura de los cuidados que desplace la cultura del control<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Aunque sea por su insostenibilidad financiera, la escalada de demandas de m\u00e1s c\u00e1rcel y durante m\u00e1s tiempo parecefrenarse. Sin embargo, el populismo punitivo sigue siendo la respuesta preferida ante los problemas que causa el modelo neoliberal de relaciones econ\u00f3micas y sociales. La precariedad provocada por la desregulaci\u00f3n de los mercados, la erosi\u00f3n de los mecanismos de protecci\u00f3n social y la criminalizaci\u00f3n de la pobreza (basada en la individualizaci\u00f3n de los problemas sociales) necesita un aparato represivo en constante expansi\u00f3n<a href=\"#_ftn11\" id=\"_ftnref11\"><sup>[11]<\/sup><\/a>. Este aparato se concreta en condenas de prisi\u00f3n m\u00e1s severas, pero tambi\u00e9n en la amplia aceptaci\u00f3n social de propuestas de m\u00e1s control del espacio p\u00fablico, de mayor presencia policial en todos los \u00e1mbitos de la vida, y de ampliaci\u00f3n del castigo hacia cualquier comportamiento que no encaje con los estilos de vida mayoritarios.<\/p>\n\n\n\n<p>El punitivismo aparca cuestiones fundamentales para la construcci\u00f3n de la seguridad. El discurso del populismo punitivo pone en cuesti\u00f3n la garant\u00eda de derechos en favor de las pulsiones vengativas y las ansias de control y, de paso, explota y amplifica los miedos m\u00e1s b\u00e1sicos. La alternativa a este discurso no es negar el derecho de las personas a sentirse seguras, sino impulsar pol\u00edticas que realmente generen seguridad. Los barrios m\u00e1s seguros son aquellos en los que la gente se conoce e interact\u00faa, donde los desahucios o las movilidades forzadas no se han instalado con normalidad en la vida cotidiana, donde las calles son realmente espacio p\u00fablico disponible para la interacci\u00f3n social. Ni el control ni el castigo son recursos efectivos para incidir sobre estas vertientes de la seguridad. Para combatir la incertidumbre sobre el futuro y la angustia generadas por la precariedad y la pobreza, son necesarias pol\u00edticas sociales, solidaridades comunitarias y una cultura de los cuidados que desplace la cultura del control.<\/p>\n\n\n\n<div id=\"referencia\" class=\"wp-block-group referencia\"><div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow\">\n<p><a href=\"#_ftnref1\" id=\"_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> Ant\u00f3n-Mell\u00f3n, J. A., \u00c1lvarez, G. y Rothstein, P. A. \u201cPopulismo punitivo en Espa\u00f1a (1995-2015): presi\u00f3n medi\u00e1tica y reformas legislativas\u201d. <em>Revista Espa\u00f1ola de Ciencia Pol\u00edtica<\/em>, 43, 13-36, 2017.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\" id=\"_ftn2\"><sup>[2]<\/sup><\/a> Garland, D. <em>The culture of control<\/em>. Oxford: Oxford University Press, 2001.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\" id=\"_ftn3\"><sup>[3]<\/sup><\/a> Crewe, B. <em>The prisoner society: Power, adaptation and social life in an English prison<\/em>. OUP Oxford, 2012.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\" id=\"_ftn4\"><sup>[4]<\/sup><\/a> Wacquant, L. <em>Castigar a los pobres: El gobierno neoliberal de la inseguridad social,<\/em> Barcelona: Gedisa, 2009.<\/p>\n\n\n\n<p><a id=\"_ftn5\" href=\"#_ftnref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a> Davis, A. Y., &amp; Barsamian, D. <em>The prison industrial complex<\/em>. Ak Press, 1999.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref6\" id=\"_ftn6\"><sup>[6]<\/sup><\/a> Lappi-Sepp\u00e4l\u00e4, T. \u201cExplaining imprisonment in Europe\u201d. <em>European journal of criminology,<\/em> 8(4), 303-328, 2011.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref7\" id=\"_ftn7\"><sup>[7]<\/sup><\/a> Garland op. cit.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref8\" id=\"_ftn8\"><sup>[8]<\/sup><\/a> Wacquant op. cit.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref9\" id=\"_ftn9\"><sup>[9]<\/sup><\/a> Brand\u00e1riz op. cit.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref10\" id=\"_ftn10\">[10]<\/a> Austin, J., Eisen, L. B., Cullen, J., Frank, J., Chettiar, I., &amp; Brooks, C. W. <em>How many Americans are unnecessarily incarcerated<\/em>. Brennan Center for Justice at New York University School of Law, 2106.<\/p>\n\n\n\n<p><a id=\"_ftn11\" href=\"#_ftnref11\"><sup>[11]<\/sup><\/a> Gonz\u00e1lez-S\u00e1nchez, I. <em>Neoliberalismo y castigo.<\/em> Bellaterra Edicions, 2021.<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Este art\u00edculo ha sido traducido del original, en catal\u00e1n. <\/p>\n","protected":false},"featured_media":7763,"menu_order":2,"template":"","categories":[30],"class_list":["post-7801","article","type-article","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category-articulos-centrales"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v25.6 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>\u00bfPopulismo punitivo o pol\u00edticas sociales? - Revista Por la Paz<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"El autor Albert Sales reivindica impulsar pol\u00edticas sociales que generen seguridad como alternativa al punitivismo.\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.icip.cat\/perlapau\/es\/articulo\/populismo-punitivo-o-politicas-sociales\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"\u00bfPopulismo punitivo o pol\u00edticas sociales? 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