México: trazando oportunidades por la paz

Caravanas migrantes: movilizaciones de masas noviolentas

Desde los inicios de la lucha zapatista en 1994, las acciones sociales caracterizadas como caravanas han sido realmente columnas noviolentas de la sociedad civil que atraviesan o rompen cercos y encierros de guerra, (para)militarización, hambre o represión. Han servido para construir lazos de solidaridad y lucha entre la población civil y comunidades en resistencia, han constituido una fuerza auxiliar en la reproducción material de las poblaciones sitiadas. Han advertido también a las fuerzas que cercan que la población cercada no está sola. Estas caravanas se han realizado desde la sociedad civil hacia los territorios zapatistas o de las comunidades zapatistas hacia afuera de sus territorios, como formas de romper el cerco político-militar, el muro o el encierro.

Estamos actualmente ante dos experiencias históricas de este tipo de acción en México, encabezadas por actores sociales claves en la construcción de paz nacional y regional: los familiares de víctimas de desaparecidos y los migrantes centroamericanos. Algunas Caravanas Migrantes o Brigadas de Búsqueda de Personas Desaparecidas incluso se han realizado en forma conjunta, pues muchos familiares centroamericanos también vienen a México a “buscar en vida” a sus seres queridos, de los que han perdido la huella desde hace años. Uno de los principales efectos de este tipo de acciones noviolentas ha sido el empoderamiento de algunos de estos actores sociales que pasan de la lucha por la sobrevivencia material y moral a ser sujetos de sus propios derechos, como activistas de un cambio en su situación y la de otros con identidades sociales similares.

Caminar para romper el cerco

Las Caravanas-Éxodos-Columnas de migrantes son también una acción masiva de no cooperación que “rompe el encierro, el cerco”, en una confrontación directa hacia los gobiernos y fuerzas delictivas de sus países de origen que les expropian sus condiciones materiales mínimas de vida. Éstas han aumentado considerablemente desde noviembre del 2018, principalmente desde Honduras, en lo que parecería ser un cambio en la estrategia de lucha noviolenta de los migrantes, organizados y no. Más allá de las muchas hipótesis y conjeturas acerca de su origen, de la identidad de sus participantes, de su forma de organización y financiamiento, de su presión política y social hacia los gobiernos de la región, y la manipulación que se ha hecho hacia una buscada reelección de Trump, las caravanas “son una realidad, no un invento”, como declara la Secretaría de Gobernación de México1. A partir de este “principio de realidad” nos proponemos hacer una primera reflexión de ellas sólo desde el ángulo de la estrategia y la táctica de la lucha noviolenta, y no desde su génesis, constitución o efectos.

La línea de la “frontera de la inhumanidad” que significa no saber si uno podrá reproducirse al día siguiente, llegó a un punto sin retorno y de crecimiento exponencial en estas regiones de Centroamérica y México. El sacrificio y la desesperación son grandes, pero también la determinación moral y material. Gandhi sostenía como base central de su acción noviolenta el principio de que el propio sufrimiento sería la principal arma para destruir la opresión y cambiar la conciencia del adversario. El testimonio de madres, ancianos, niños, discapacitados, hombres, caminando y superando mil inclemencias cada día resulta profundamente doloroso y es al mismo tiempo ejemplificante de lo que significa luchar de veras. Nos encontramos ante una admirable columna de luchadores noviolentos. El Mahatma no afirmaba eso desde una posición simplista, idealista, religiosa o hasta masoquista, sino desde una estrategia que buscara una permanente acumulación de “fuerza moral” en el propio bando. Pues esa es la primera y principal arma noviolenta en toda confrontación, para lograr una “ruptura” hacia la verdad y la justicia en el adversario. Esa fuerza moral, arma central de los migrantes en esta acción de construcción de paz, se basa en lo que el papa Francisco ha declarado: “La gente ejerce su legítimo derecho de buscar una vida mejor en otro lugar”2.

Caminar masivamente tan largos trechos ha sido una forma de lucha noviolenta muy usada en la historia de los movimientos sociales: genera solidaridad y permite la toma de conciencia gradual de la población

Estas caravanas son originadas sobre todo por dos grandes causas. Por una parte, el hambre generada por la expropiación y explotación económica depredadora capitalista trasnacional de los recursos naturales, cuerpos y territorios en los países de origen de esas poblaciones. Por otra el terror y desesperanza causados por el uso de la violencia y la guerra -de la cual, según los zapatistas “nos negamos a decir su nombre”-, como formas de control, vigilancia, despojo y exterminio de parte de la población. Guerra y hambre están profundamente interrelacionadas con la constitución de Estados delincuenciales en esta nueva etapa del capitalismo3. En el fondo, se trata de la construcción y reproducción de un enorme negocio ilegal: la trata múltiple de cuerpos con altos grados de indefensión por encontrarse alejados de sus identidades, redes familiares o comunitarias de origen, aterrorizados por la violencia o el hambre, sin alternativas reales de sobrevivencia en sus territorios.

Las caravanas de migrantes han sido conceptualizadas en ocasiones como acciones de “movilidad humana”. Ello constituye sólo una descripción parcial de estas acciones, pues estas caravanas son también acciones de lucha social. Sus medios de movilización son los pies, el tren de La Bestia (de Arriaga en Chiapas a Ixtepec en Oaxaca), los raids solidarios, los autobuses…y también las redes sociales. Las convocatorias en formas muy distintas desde estas redes, la protección colectiva, así como el seguimiento y aceleración de la acción, e incluso el “avance virtual” de la acción, han sido fundamentales para construir la marea humana masiva que avanza y la percepción social y política de que, como con el mar, ese avance es indetenible, creciente y hasta “natural”, por la legitimidad que dan la lucha contra el hambre y la guerra. Las redes -en un doble carácter- tienen una virtud y un riesgo: son en gran parte anónimas, lo cual dificulta al poder -legal e ilegal- detectar los liderazgos de las acciones noviolentas y por tanto su represión, pero también permiten ocultar otros fines.

Caminar masivamente tan largos trechos ha sido también una forma de lucha noviolenta muy usada en la historia de los movimientos sociales, por ser algo esencial al pueblo y a su vida cotidiana -como beber agua y comer-, por ser algo que genera solidaridad al interior y al exterior del movimiento, por ser una acción que tiene un “ritmo lento” que permite la toma de conciencia gradual de la población y así su incremento en la participación y solidaridad, que va aumentando la fuerza moral y material de los caminantes, que inhibe de alguna manera la represión. Se trata de una acción que puede ayudar a construir una negociación. Es una acción que permite “desnudar la verdad” públicamente con fuerza y nitidez, como decía Gandhi. Caminatas emblemáticas de la historia han sido la Marcha de la Sal gandhiana (marzo-abril 1930), la Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad del movimiento afroamericano liderada por Martin Luther King (agosto 1963), o la Marcha del Color de la Tierra zapatista (enero-abril 2001).

Migrantes constructores de paz: No cooperación con órdenes inhumanas

Asimismo, las caravanas además de la movilización de masas para romper un cerco, son también acciones de no cooperación de la población civil. Con ellas se ejerce la “desobediencia debida a toda orden inhumana”4, ya que los migrantes se niegan a ser reclutados por el crimen organizado, a matar, a morir de hambre y desesperanza. Es por lo tanto una importante “ofensiva estratégica noviolenta”, encabezada como sujetos sociales por migrantes centroamericanos -y por los familiares de víctimas de la guerra en México-, quienes deciden ejercer su poder social, identidad moral y autonomía en forma directa, enfrentando a los poderes políticos, “sin pedir permiso” (como decía el comandante zapatista David en la creación de las Juntas de Buen Gobierno en agosto del 2003), pero buscando también la mayor cantidad de alianzas sociales y gubernamentales.

Los migrantes son también “constructores de paz”. En lugar de tomar las armas escogen el “desplazamiento” del propio cuerpo fuera del territorio de la guerra; es una acción de enfrentamiento hacia la violencia

De este modo, los migrantes son también, en cierto sentido, “constructores de paz”. Por ello no sólo debemos verles como población atemorizada y desesperada por la pobreza y la violencia, sino también como luchadores en el verdadero sentido de la palabra. En lugar de tomar las armas, y aumentar así la espiral de la violencia en sus territorios, escogen una forma de lucha noviolenta: el “desplazamiento” del propio cuerpo fuera del territorio de la guerra por el poder y los recursos naturales y corporales. Profundizando en su forma y sentido, no se trata sólo de una acción de huida sino de enfrentamiento hacia la violencia, colocando sus cuerpos fuera de la reproducción y el alcance bélico. Como bien nos han enseñado las poblaciones mexicanas desplazadas (sobre todo de Guerrero, Chiapas y Sinaloa) o en autodefensa: cuando el nivel de violencia inmediata nos coloca en un encierro del que no se puede salir sin involucrarse en ese nivel de inhumanidad, existen dos opciones: enfrentarla con armas (aunque sean en autodefensa y se busque continuamente no usarlas y sólo mostrarlas, sin aumentar la espiral de la guerra sino haciéndola retroceder) o desplazarse. Ambas son formas de lucha válidas por la justicia y la vida digna, que ayudan a los procesos de larga duración de “humanización” de nuestra especie, alejándonos un poco de la guerra.

Para analizar esta estrategia noviolenta de lucha, resulta también importante desagregar la “totalidad social” conceptualizada como caravana, en un conjunto de acciones constituyentes muy variadas en formas-instrumentos-sujetos, de distintos niveles de la violencia y la noviolencia (bloqueos sentados, tomas de espacios, choques con policías para romper barreras, solidaridad de la población local, negociaciones con autoridades, fugas clandestinas, mítines, marchas, plantones…).

Estas largas marchas tienen algunas características históricas comunes: se va creando una creciente “bola de nieve” de acciones y un “suspenso” y expectativa social por lo que seguirá y pasará al final (cruce de la frontera norte mexicana). El seguimiento mediático de los dramas humanos y los enfrentamientos con las autoridades y las bandas criminales -a veces uno y lo mismo-, hacen en ocasiones que los medios puedan -conscientemente o no- convertirse incluso en aliados de estas luchas.

Así, continuando con el análisis estratégico, las caravanas migrantes por México han tenido, en su etapa más reciente desde noviembre del 2018, un aparente cambio en la estrategia noviolenta, pasando, en cierto sentido, según una lógica gandhiana, de la “resistencia pasiva” a la “resistencia activa” tipo “satyagraha” (la fuerza de la verdad), con una alta dosis de exposición pública, con un abierto “desafío a las autoridades” de los diferentes países. Según sus organizadores, ello les otorga mayor legitimidad, fuerza moral, seguridad a los participantes, poder de negociación y asistencia social de las autoridades. Se constituyen así conjuntamente estrategias de lucha y de seguridad.

Las caravanas migrantes en México han vivido un cambio estratégico, pasando de la resistencia pasiva a la resistencia activa, y de acciones casi clandestinas a lo más mediáticas posibles

A su vez, se ha pasado de un proceso histórico caracterizado sobre todo por acciones casi clandestinas a acciones noviolentas directas lo más públicas y mediáticas posibles. Gandhi tenía por costumbre y práctica de legitimidad anunciar sus acciones públicamente antes de realizarlas, como una forma también de relacionarse positivamente con la autoridad y reducir el miedo en los participantes de un bando y otro.

Pero los adversarios también luchan por una verdad histórica, política y sociológica muchas veces olvidada. Veremos entonces también cómo irán creciendo cada vez más todo tipo de provocaciones, amenazas y agresiones. Éstas vendrán sobre todo del gobierno de Trump, pero el gobierno mexicano está haciendo cada vez más su parte con acciones represivas, intimidatorias y militarizadas en las dos fronteras. Lo que se buscará será aumentar la espiral de violencia y xenofobia y aterrorizar a las poblaciones, para que la acción de las caravanas pierda fuerza moral internamente y hacia la mirada exterior, para que las poblaciones locales desinformadas y aterrorizadas pidan y celebren “castigos ejemplares”. Se incrementarán así las acciones racistas “en nombre de la ley” y la “caza” de migrantes, de los grupos de ultraderecha y milicias. Aunque ello sea especialmente palpable en los Estados Unidos, también en ciudades mexicanas se ha ido despertando la xenofobia.

Finalmente, como una forma de enriquecer y complejizar la estrategia noviolenta, creemos que las caravanas deberían tener una buena cantidad de obispos-jerarcas religiosos, rectores, artistas e intelectuales de Honduras, El Salvador, Guatemala, México y Estados Unidos encabezándolas, unidos en un solo cuerpo y acompañándolas caminando “ejemplarmente” por algunos días. Se lograría así la activación de una importante “arma noviolenta” -moral y material-, cuyo poder social -por las instituciones o representatividad que tienen- les otorga a estos sujetos un papel de “reserva moral” social. Pocas veces en la historia ésta “mete el cuerpo” en las acciones directas noviolentas contra los poderes, especialmente en las de no-cooperación y desobediencia civil, que son las que se imponen en la necesaria proporción para enfrentar y detener tamaño nivel de violencias.

Queda claro, además, que “meter el cuerpo” junto a los migrantes no es sólo una tarea noviolenta de esos actores con mayor impacto social y capacidad de presión hacia las autoridades, sino también de todos nosotros y todas nosotras, como sociedad civil solidaria, en apoyo directo a esta lucha de sobrevivencia material y moral, de construcción de justicia y paz continentales, de humanización de la especie en el largo plazo, encabezada por tantas masas pauperizadas que luchan, sobre todo desde sus cuerpos, desde el sacrificio, desde su dignidad moral y espiritual, desde su “firmeza permanente”.

SOBRE EL AUTOR
Pietro Ameglio Patella es profesor de “Cultura de Paz y Noviolencia” en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y responsable del “Programa de Educación para la Paz y la Noviolencia: Alternativas de aprendizaje y transformación de las violencias” desde 2017. Se ha especializado en áreas de epistemología, educación, construcción y cultura de paz; resistencia civil noviolenta; construcción de la violencia y reconstrucción del tejido social; educación autónoma y popular; investigación social y bases de datos. Autor de varias publicaciones, en 2014 recibió el Premio Internacional de Educación para la Paz – El Hibri, en Washington.

1. Martínez, Fabiola. “Las caravanas son una realidad, no un invento: señala Gobernación”en La Jornada.México, 31-3-2019.

2. AP. “Los muros no detendrán las migraciones”en La Jornada.México, 31-3-2019.

3. Equipo Bourbaki. “El costo humano de la guerra por la construcción del monopolio del narcotráfico en México (2008-2009)”.

4. Esta consigna fue acuñada inicialmente por el Dr. Juan Carlos Marín, notable sociólogo argentino, y vino retomada en la Declaración Final del XXII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), celebrado en Concepción, Chile, en octubre de 1999.

Fotografía «Los migrantes no somos ilegales, somos trabajadores internacionales»

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