Reorientando la seguridad desde el feminismo

La violencia intrínseca del extractivismo: la dominación de las mujeres y la dominación de la naturaleza

En los últimos años, las mujeres han denunciado con más vigor y rabia la violencia de los hombres contra las mujeres. En las capitales de todo el mundo, las mujeres hacían desfiles, «marchas de las putas»,1 flashmobs y campañas de hashtags en las redes sociales. En el Líbano, las mujeres colgaron simbólicamente vestidos de novia; en Pekín, las mujeres pasearon por las calles con vestidos de novia salpicados de pintura roja; en Brasil las mujeres esparcieron cientos de piezas de ropa interior por una playa; y, en Argentina, las mujeres se desnudaron y se amontonar ante una pancarta que decía «El feminicidio es genocidio». Estas manifestaciones eran un llamado a poner fin a la violencia, a las violaciones y a la impunidad de los hombres que ejercen esta violencia en espacios públicos y privados.

Relativamente más ausente en los principales medios de comunicación es la violencia que sufren las mujeres en las zonas rurales remotas. Lejos de las capitales, las industrias extractivas como la minería, las plantaciones agrícolas y los proyectos de macropresas desencadenan la violencia del empobrecimiento en la vida de las mujeres. A ellas y sus comunidades les arrebatan tierras, bosques y agua, a veces a punta de pistola, les alteran las formas de vida y les destruyen los medios de subsistencia.

En las zonas rurales, las industrias extractivas, las plantaciones agrícolas y los proyectos de macropresas desencadenan la violencia del empobrecimiento en la vida de las mujeres

Cuando las mujeres y sus comunidades ejercen su derecho a decir «no»2 a la absorción de recursos naturales por parte de las industrias extractivas, cuando protestan por aquello que les quitan o porque las empresas no cumplen las promesas de realojamiento y desarrollo, se enfrentan al poder del ejército y la policía. También se enfrentan a la seguridad privada, que defiende las riquezas de la empresa con la vigilancia de los movimientos de los miembros de la comunidad, registrando cuerpos y casas y violando sexualmente a las mujeres. Ellas a menudo se resisten a hablar de la violencia sexual que afrontan. No sólo temen las represalias de las fuerzas de seguridad, sino también que sus familias y comunidades las culpen, patriarcalmente, como a menudo ocurre con las víctimas de la violencia sexualizada.

Armas, poder y política

En su búsqueda reciente con colaboradores, WoMin aporta una comprensión ecofeminista de la economía política del extractivismo en tres países: Zimbabue, Mozambique y Sierra Leona.3 La investigación revela cómo las empresas y la élite política manipulan y socavan la ley y la política y utilizan la violencia para obtener el control de la riqueza mineral. Evidencia que la violencia desatada sobre las mujeres empobrecidas y sus comunidades y sobre los recursos de la tierra es intrínseca al sistema económico actual.

Este sistema depredador del capitalismo prioriza el beneficio y la riqueza de una élite en detrimento de la seguridad de la mayoría de los habitantes de la Tierra, de los ecosistemas que sostienen toda la vida y de la sostenibilidad del planeta mismo. Son las mujeres, en particular, las que asumen el coste de este sistema económico violento y destructivo.

La violencia desatada sobre las mujeres empobrecidas y sus comunidades y sobre los recursos de la tierra es intrínseca al sistema económico actual

Las experiencias específicas de las mujeres resultan de sus papeles reproductivos: la expectativa de que las mujeres deben cumplir las funciones del hogar, parir y criar a los hijos y cuidar de los enfermos, además de ideas sexistas muy arraigadas sobre los servicios, incluido el sexo, que los hombres creen que pueden extraer de las mujeres. El trabajo reproductivo también incluye alimentar a la familia, movilizar energía y garantizar que la familia y la comunidad tengan acceso a recursos hídricos seguros. Las mujeres son las responsables de todo esto.

En los tres contextos, la minería bajo el dominio colonial provocó el desplazamiento y el despojo de la población. También convirtió a los hombres en trabajadores mal pagados y se abusó del trabajo reproductivo de las mujeres para mantener a los hombres en el trabajo y garantizar la existencia de la próxima generación de trabajadoras de las minas y las fábricas. La investigación de WoMin y sus colaboradores pone de manifiesto cómo continúan las apropiaciones, el despojo y la explotación de tierras coloniales en el presente neoliberal y neocolonial, ya que las élites nacionales ayudan, incitan y permiten a las empresas multinacionales continuar con la apropiación de recursos naturales.

Las leyes de los tres países analizados privilegian a las empresas multinacionales y no protegen los derechos de las comunidades, cuyas vidas destruyen para dejar sitio a la minería. Además, en los tres contextos, las fuerzas de seguridad de los Estados y las empresas atacaron violentamente a las comunidades para establecer y mantener el control sobre los minerales.

Las apropiaciones, el despojo y la explotación de tierras coloniales continúa en el presente neoliberal y neocolonial, con el permiso de las élites nacionales

Un caso de estudio: Marange4

La zona de minería de diamantes de Marange, en Zimbabue, ha sido un campo de batalla, en el que las fuerzas armadas y los equipos de seguridad privada han combatido a los mineros a pequeña escala y a la comunidad local durante los últimos 14 años con el fin de asegurarse el control de los yacimientos de diamantes.5

En Marange se descubrieron diamantes en 2005. Entre noviembre de 2006 y octubre de 2008, la policía mató, torturó, apaleó y acosó a los mineros artesanales y soltó perros en incursiones destinadas a expulsarlos de los campos. Asimismo, la policía agredió y detuvo a miembros de la comunidad local y sometió a las mujeres a violencia sexualizada.

Una mujer de Marange explicaba6 como un camión de soldados las detuvo, a ella y a otra mujer cuando volvían de los campos. Obligaron a las mujeres a desnudarse, les dieron palos y les dijeron que lucharan entre ellas. Los soldados indicaron que la perdedora sería violada por los soldados del camión.

Las fuerzas de seguridad de los Estados y de las empresas atacaron violentamente a las comunidades para establecer y mantener el control sobre los minerales

El 27 de octubre de 2008, el Ejército, la Fuerza Aérea y la Organización Central de Inteligencia (CIO) lanzaron la Operación Hakudzokwi7 en Marange. Los soldados dispararon con munición real y lanzaron gases lacrimógenos, desde tierra y desde helicópteros, contra mineros artesanos y lugareños. Más de 200 comerciantes de diamantes y mineros fueron asesinados. Miles más fueron torturados y cientos de mujeres fueron violadas.

En 2009 las fuerzas armadas expulsaron por la fuerza a 1.300 familias de Marange para «limpiar» más tierras para la explotación de diamantes. No hubo ninguna consulta; las familias fueron obligadas a subirse a camiones a punta de pistola y las casas fueron destruidas por las excavadoras. Fueron trasladadas a Arda Transau, una explotación gubernamental situada a unos 60 kilómetros al norte de Marange, donde sufrieron unas penurias considerables y una violencia continuada.

La zona de Marange ha sido declarada zona restringida según la Ley de lugares y zonas protegidas, lo que convierte a los aldeanos en prisioneros de facto, de manera que las personas del exterior, incluidos los familiares, pueden visitar la zona sólo con autorización policial. A los aldeanos se les registra periódicamente en 11 puntos de control de la carretera de más de 100 kilómetros que une Mutare y Marange, para buscar diamantes, y las mujeres suelen experimentar violencia sexual. Tres mujeres contaron a Human Rights Watch que un agente de policía las obligó a desnudarse completamente en un control y las penetró con el dedo enguantado, afirmando que buscaba diamantes ocultos.8

Las violaciones de los derechos humanos de los mineros y las mujeres no han motivado ni una sola detención

El acoso, asesinato, agresión y abusos sexuales perpetrados por agentes de seguridad han continuado a lo largo de los años, como destacan algunos informes de agosto de 2019 sobre torturas y asesinatos de mineros artesanales.9 Sin embargo, las violaciones de los derechos humanos de los mineros y las mujeres no han motivado ni una sola detención.

El vínculo entre la dominación de las mujeres y la dominación de la naturaleza

Las mujeres de los tres países, estudiados por WoMin y sus colaboradores, sufrieron violencia sexualizada, incluida la violación, a manos de las fuerzas de seguridad del Estado y de las empresas. Sin embargo, a pesar de que había mucha documentación sobre la violencia contra las comunidades, había poca sobre las experiencias de violencia sexualizada de las mujeres.

La concepción ecofeminista de que esta violencia es intrínseca a un modelo extractivista y violento de desarrollo permite el despliegue de enfoques organizativos transformadores y de visiones alternativas. Este hecho contrasta con las respuestas instantáneas a la violencia contra las mujeres, que a menudo individualizan el problema y la solución, ofreciendo a las mujeres un tratamiento individual o de justicia en términos legales.

Tanto la tierra como las mujeres se consideran inferiores, se tratan como propiedad y como mercancías que son prescindibles y a las que se puede maltratar

Cuestionando las respuestas más comunes, WoMin, junto con otras ecofeministas, señala que la violencia contra las mujeres está relacionada con sistemas de opresión patriarcales y de clase; que se requiere un cambio en las estructuras de opresión, al tiempo que se abordan los efectos inmediatos dando consejo, rompiendo el silencio y permitiendo a las mujeres superar la autoculpabilidad, el miedo y el estigma.

Para las ecofeministas, la dominación sobre las mujeres y la dominación sobre la naturaleza están relacionadas. Claudia von Werlhof10 considera que el afán patriarcal de dominar y controlar está incrustado dentro del capitalismo, que pone al dinero, al crecimiento económico y al beneficio por delante de las personas y el medio ambiente. A consecuencia de esta ambición, la naturaleza y las mujeres son dominadas, y son un medio para aumentar los beneficios. Tanto la tierra como las mujeres se consideran inferiores, se tratan como propiedad y como mercancías que son prescindibles y a las que se puede maltratar. Se destruye el medio ambiente y se abusa del trabajo reproductivo de las mujeres, que se destina a dar apoyo económico al capital. Las mujeres son explotadas por los hombres con poder para obtener ganancias, éxito y placer.11

La dominación de las mujeres proviene, pues, de las mismas ideologías que conducen a la dominación del medio ambiente. El aumento de los beneficios y del crecimiento se vende como progreso o desarrollo y se genera a través de procesos que conllevan la dominación y la explotación tanto de la naturaleza como de las mujeres.

La concepción ecofeminista contrasta con las respuestas instantáneas a la violencia contra las mujeres, que a menudo individualizan el problema y la solución

Vandana Shiva12 señala que el patriarcado capitalista abusa tanto de la naturaleza como de la economía que nos sustenta y tensa ambas hasta el límite. La tierra y sus recursos, que nutren la vida, son destruidos; las mujeres son desplazadas de sus medios de subsistencia y alejadas del acceso a la tierra, los bosques, el agua y las semillas, que permiten tanto su supervivencia como la de sus familias y comunidades. Los poderosos se apropian de los recursos de los más vulnerables, lo que intensifica la violencia. La vulnerabilidad cada vez mayor de las mujeres debido a la apropiación extractivista de tierras y la explotación ecológica las hace todavía más vulnerables a la violencia.

El análisis ecofeminista de WoMin pone de manifiesto que tanto las mujeres como la naturaleza soportan los costes externalizados de un sistema económico extractivista. Los costes para la naturaleza incluyen la contaminación, la destrucción de grandes extensiones de tierra, bosques y recursos acuíferos, la pérdida creciente de biodiversidad y, en última instancia, de la mano de todas las formas de extractivismo, está la creciente crisis climática. Dado el rol de las mujeres en la reproducción social, ellas son las que limpian los ecosistemas contaminados, caminan más y más lejos para satisfacer las necesidades básicas de sus familias y enferman cuando entran en contacto con las toxicidades y los venenos de este modelo de desarrollo. Esto da lugar a la idea de que el capitalismo extractivista es una economía de costes impagados, ya que son la naturaleza y las personas (en especial, las mujeres) las que absorben los costes sociales, medioambientales y económicos, mientras que el capital apenas asume ninguno. El sistema se estructura de forma que las grandes empresas sufragan escasamente (o no sufragan) los costes de la limpieza, sin compensaciones justas por la pérdida de recursos y medios de subsistencia, y con aumentos del trabajo no remunerado de las mujeres y los costes de la salud destruida en las comunidades afectadas.

El capitalismo extractivista es una economía de costes impagados, ya que son la naturaleza y las personas las que absorben los costes sociales, medioambientales y económicos

En línea con el pensamiento ecofeminista, el Movimiento de Guardianes Yaoska de Rancho Grande, al norte de Nicaragua, ve el cuerpo y la tierra como territorios que hay que defender.13 El movimiento rechaza la minería, porque afecta a la economía local sostenible. La minería altera los ecosistemas y las fuentes de agua –de manera que impone cargas a las mujeres, responsables de garantizar la alimentación y la salud de sus familias–, promueve la división sexual del trabajo, agrava las relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres y hace crecer la violencia y los abusos sexuales perpetrados por hombres que vienen de fuera de la zona y se sienten autorizados a invadir el territorio y los cuerpos de las mujeres.

En su defensa de la tierra frente a la minería, el Movimiento Guardianes defiende una forma de vida muy arraigada en la tierra y la comunidad, en la que todavía existe el cuidado mutuo. El territorio que defienden no se puede llenar de relaciones de desigualdad, ya que estas debilitan a la comunidad y provocan divisiones. Defienden una vida feliz y buena para todos, con cuerpos libres que viven en armonía entre sí y con la naturaleza.

Construir poder y alternativas desde abajo

WoMin se basa en concepciones ecofeministas según las cuales acabar con la violencia contra las mujeres supone pasar de una economía violenta moldeada por el patriarcado capitalista a una economía pacífica noviolenta y sostenible que respete a las mujeres y la tierra. Esta transición solo se puede conseguir mediante movimientos de personas concienciadas, con análisis y estrategias políticas claras, unificadas entre países y sectores.

Pasar de una economía violenta a una economía pacífica solo se puede conseguir mediante movimientos de personas concienciadas, unificadas entre países y sectores

Es a partir de esta concepción que WoMin y sus aliados apoyan la organización y la creación de movimientos de mujeres y trabajan con ellas en comunidades afectadas por la represión violenta, con el fin de abordar los traumas, organizarse, explorar las raíces de la violencia y avanzar en alternativas ecofeministas al desarrollo. Nuestras intervenciones incluyen algunas de las acciones siguientes:

En primer lugar, hemos apoyado a las mujeres que han sufrido violencia y torturas extremas perpetradas por los militares y la policía, a fin de superar el trauma y definir qué significa la justicia para ellas, poniéndolo en contexto y teniendo en cuenta los riesgos que afrontan las mujeres y sus comunidades. Este trabajo, pilotado en colaboración con la Counselling Services Unit (Unidad de Servicios de Orientación y Terapia, Zimbabue), comportaba el desarrollo de un modelo colectivo de apoyo ante el trauma que permitiera a las mujeres organizarse, apoyarse mutuamente, reconstruir los medios de subsistencia, construir conciencia y deshacer la narrativa que culpa a las víctimas.14

En segundo lugar, WoMin y sus colaboradores han trabajado, junto con las mujeres, para llevar a cabo una investigación que ilustre la conexión entre el capitalismo extractivista patriarcal y la violencia, incluida la violencia contra las mujeres. Esta obra cuenta con investigaciones sobre la economía política de las explotaciones extractivas en Mozambique, Sierra Leona y Zimbabue; la documentación de las experiencias de las mujeres en Zimbabue, y un seminario africano en línea sobre las industrias extractivas, a fin de construir un análisis común.15

WoMin trabaja con mujeres en comunidades afectadas por la represión violenta para abordar los traumas, organizarse y avanzar en alternativas ecofeministas al desarrollo

En tercer lugar, apoyamos a las mujeres y sus comunidades en explotaciones de todo el continente, para profundizar en su resistencia al extractivismo destructivo bajo la bandera del derecho a decir «NO». Cuando las mujeres y sus comunidades dicen «NO» a macroproyectos, reafirman sus derechos colectivos sobre los bienes comunes y su control sobre el territorio de sus cuerpos; y también defienden y afirman el «SÍ» al «desarrollo» entendido como una vida buena, definida en sus propios términos.

Finalmente, el trabajo citado hasta ahora se inserta en un esfuerzo de alianza más amplio para imaginar colectivamente alternativas panafricanas al modelo capitalista extractivista dominante. Liderado por mujeres militantes de base y apoyado por una alianza amplia de organizaciones,16 este esfuerzo para construir una visión alternativa de la Transición Justa17 está en curso e implica un compromiso creativo de las mujeres en diálogos, intercambios de aprendizaje, investigación y documentación sobre las estrategias de las mujeres para afrontar sus problemas y sus alternativas de vida; y culminará con una expresión de los sueños y esperanzas de las mujeres para cambiar la comunidad, la sociedad y África. La expresión final de estos sueños puede surgir como un documento fundacional, un tapiz o una serie de historias.

1. El movimiento SlutWalk comenzó en 2011 con el objectivo de desafiar la cultura de la violación y los mitos sobre la naturaleza de la violencia sexual.

2. El derecho a decir «NO» es una llamada de las comunidades a la soberanía en el desarrollo, para que puedan dar forma a su desarrollo sin intervención externa.

3. WoMin y sus colaboradores –Centre for Natural Resource Governance (CNRG) en Zimbabue, Justiçia Ambiental (JA) en Mozambique y Network Movement for Justice and Development (NMJD) en Sierra Leona– emprendieron una investigación publicada en 2020 bajo el título “Guns, Power and Politics. Extractives and Violence Against Women” .

4. “Guns, Power and Politics. Extractives and Violence Against Women in Zimbabwe Research Report”, WoMin CNRG y WoMin Alliance, 2020.

5. Human Rights Watch, en “Diamonds in the Rough Human Rights Abuses in the Marange Diamond Fields of Zimbabwe” (2009), informa sobre la brutalidad y las violaciones de los derechos humanos desatadas contra los mineros artesanos y los lugareños.

6. Relatado a WoMin y a Counselling Services Unit (Unidad de Servicios de Orientación y Terapia, Zimbabue), que trabajan en colaboración con mujeres en comunidades afectadas por la minería.

7. Palabra “shona” significa “no vuelvas”.

8. Ibid.

9. CNRG, “Extreme Human Rights violations continue in Marange“, agosto de 2019.

10. Von Werlhof, Claudia (2007) “No critique of capitalism without a critique of patriarchy! Why the Left is no alternative”, Capitalism Nature Socialism, 18(1), 13-27.

11. WoMin hace mucho tiempo que sostiene este argumento, entre otros, en lassiguientes publicaciones: “Collection 1: Synthesis of the available literature addressing key themes and questions related to women, gender and extractives”,“Women Building Power Towards Climate, Energy And Justice“,“Covid-19 – Crisis upon crisis in Africa: an ecofeminist perspective”, y “Addressing crisis and building counter power through new African ecofeminist movement”.

12. Mies, Maria, y Shiva, Vandana (1993) Ecofeminism. Londres: Zed Books.

13. World Rainforest Movement, “Defending the body-earth territory: An alternative for social movements in resistance 1”, Bulletin 226, septiembre/octubre de 2016, Uruguay.

14. Esta experiencia se está plasmando en un documento escrito que se presentará en 2021.

15. Hay un documento conceptual en preparación sobre la violencia contra las mujeres en sectores extractivos, con una perspectiva de economía social, ecológica y política.

16. WoMin, la Asamblea de Mujeres Rurales de Sudáfrica, la Marcha Mundial de las Mujeres, Friends of the Earth Africa, organizaciones locales de mujeres y académicos.

17. Para WoMin y otros movimientos sociales, una Transición Justa implica repensar nuestra relación con la naturaleza, construir el poder de los pueblos y las mujeres desde abajo y transformar radicalmente un sistema económico de apoyo y cuidados que sostenga los medios de subsistencia.

SOBRE LA AUTORA
Shamim Meer es investigadora, escritora, formadora en redacción y educadora, y trabaja con activistas de comunidades y sindicatos. Ha escrito sobre luchas feministas, los derechos de las mujeres sobre la tierra y la violencia contra las mujeres, entre otras cuestiones. Fue cofundadora de las publicaciones feministas SPEAK Magazine y Agenda, una revista sobre mujeres y género. Actualmente trabaja con WoMin en un documento conceptual sobre la violencia contra las mujeres en sectores extractivos, con una perspectiva social, ecológica y de economía política.

Esta es una versión traducida del artículo publicado originalmente en inglés.

Fotografía: Waiting for rain in Burkina Faso, de John Isaac/Un Photo