El proceso catalán desde la noviolencia

Simona Levi, activista y fundadora de Xnet

Simona Levi, activista y fundadora de Xnet

Simona Levi, nacida en Italia y establecida en Barcelona, es dramaturga, directora de teatro, activista, gestora cultural, artista multidisciplinar, investigadora y docente. Como activista, destaca su trayectoria en el ámbito de la cultura libre, la democracia digital, el uso estratégico de las herramientas digitales para la organización y la acción colectiva, la lucha contra la corrupción y la renovación de la democracia. Desde el proyecto Xnet, dedicado a la promoción de los derechos digitales y la democracia en red, Levi es una de las voces más autorizadas en este ámbito en Cataluña.

Cada vez suena con más fuerza el concepto de e-democracy o democracia digital. ¿Cómo pueden las herramientas digitales ayudar a fortalecer la democracia participativa?

La tecnología nos permite dar un gran paso adelante para llegar a una democracia real porque nos facilita una desintermediación entre la ciudadanía y sus instituciones. Los ciudadanos siempre han necesitado al intermediario del partido político para ser representados en la arquitectura de la gobernanza. Con Internet, la palabra del representante ya no es la única cosa que tenemos, porque lo podemos ver en vídeo mientras interviene en el Parlamento, puede publicar las cosas que ha hecho o que hará… En definitiva, lo podemos vigilar mucho más. Los representantes son importantes, no se trata de eliminarlos, pero su función acababa siendo autoritaria porque perdíamos la posibilidad de vigilar su trabajo. Ahora la desintermediación se transforma en una colaboración entre los ciudadanos y sus representantes, ya no es una relación basada en un acto de fe.

Los últimos años hemos visto varios casos en que las redes sociales se han convertido en una herramienta para que los llamamientos a la movilización ciudadana llegaran a más personas. Aparte de un aumento de la cantidad, ¿también ha crecido la calidad de la participación?

Ha habido dos fenómenos diferentes. Uno, que la desintermediación ha permitido que el liderazgo de las luchas esté más distribuido. Hemos visto como muchos grupos marginados o que no se podían organizar por cuestiones logísticas han tenido la posibilidad de hacerse visibles y construirse un espacio. La democracia aumenta, porque se vuelve más diversa. Por otra parte, cuando hay un proceso de desintermediación estamos trastocando el statu quo y los monopolios de los intermediarios, como los partidos políticos y los sindicatos. Estos actores se erigen en representantes de todas las luchas y envían a la gente movilizada a casa. Después de un momento de gran acción y transformación social, como por ejemplo el 15M, el mapa se mueve, pero rápidamente nos crean nuevos mapas. La parte más pasiva de la opinión pública se lo cree y aleja la atención de los grupos realmente activos para volver a poner el foco en los intermediarios. Cuando el uso de la tecnología para la democracia es fallido, una gran parte de la responsabilidad es de estos intermediarios, en forma de partidos nuevos o viejos “actualizados”, que intentan reapropiarse del espacio de gobernanza y de organización para la lucha creado por los movimientos sociales. Mientras Internet permite unas formas de participación mucho más sanas que antes, la utilización infantilizada hecha por los partidos políticos la convierte en un fake, en una simulación con el fin de ocultar formas de liderazgo distribuido que sí pueden servir para configurar una nueva democracia con el demos en el centro.

Con el uso de la tecnología, el liderazgo de las luchas está más distribuido. Muchos grupos marginados o que no se podían organizar por cuestiones logísticas se han podido hacer visibles

¿Existe el riesgo de que los métodos tradicionales queden obsoletos?

La tecnología por sí sola no puede resolver la gobernanza porque el factor humano siempre es el más importante. Tampoco la podemos dejar en manos de los intermediarios porque su preocupación ontológica es no perder el poder. Lo peor que puede pasar es creer que la tecnología es una panacea que resuelve problemas con algoritmos. La tecnología se tiene que utilizar para distribuir el liderazgo y poner a las personas en el centro. Este proceso sí que haría obsoletos algunos formatos tal como los entendemos en la actualidad. Por ejemplo, hasta ahora las elecciones han sido casi el único sistema para que la gente pueda tener incidencia en sus instituciones. Con un cambio de modelo el voto pasa a ser un elemento más, no el único.  

¿El futuro es ir hacia un sistema en que el ciudadano pueda intervenir de forma directa en el proceso legislativo? ¿Estamos preparados para este salto?

Estamos viendo que todas las instituciones, incluso las que sinceramente hacen un esfuerzo en este sentido, tratan la participación de la sociedad civil con paternalismo. Como activista y ciudadana sin ninguna formación específica, desde hace mucho tiempo hago enmiendas a las leyes, es decir, hago el trabajo que hacen los diputados. Lo hago porque quiero, no porque esté previsto que lo pueda hacer. Cuando nos dicen que podemos “participar” nunca es realmente en un proyecto de ley; es de una forma muy genérica que no tiene incidencia, como si hiciéramos una lista de deseos. No se nos pide la misma responsabilidad ni las mismas capacidades que tendrían que tener los diputados. En la sociedad civil hay gente formada en ciertos ámbitos o que tiene competencia como afectada, que podría transformar en leyes estas competencias, pero no dispone de los canales para hacerlo. Los canales existen, pero una vez más no es un problema de la tecnología, es un problema de los protocolos establecidos por partidos, instituciones y gobiernos. No nos piden nunca enmendar, nos piden que participemos, casi de forma lúdica como se hace con los niños pequeños.  

¿Cuáles son los principales retos para alcanzar una democracia digital efectiva?

La arquitectura de la democracia –cámara de representantes, instituciones, división de poderes, etc.– está bien, pero nos tenemos que replantear cómo la llenamos. Hay cuatro mecanismos derivados del modelo de estructura descentralizada de Internet que se pueden poner en práctica combinados y de una manera totalmente analógica. En primer lugar, está la transparencia, que tiene que ser absoluta para las instituciones y con una gran preservación de la privacidad de las personas. La transparencia es primordial porque si no disponemos de la información no podemos decidir ni hacer propuestas. En segundo lugar, hay que crear una wikilegislación, es decir, que toda proposición de ley pueda ser enmendada por la ciudadanía de la misma manera que se hace en los parlamentos y con las misma responsabilidad. No debemos confundir participación con libertad de expresión. El tercer mecanismo es el derecho al voto real. Actualmente podemos escoger dentro de un catálogo limitado de partidos una vez cada cuatro años, pero el derecho al voto real sólo lo tienen los diputados. Nosotros les delegamos nuestro derecho, pero si un partido no respeta su programa se tendría que habilitar un espacio en el cual la ciudadanía pueda ir a votar para retirar la delegación que hizo a aquel representante. Finalmente, el cuarto mecanismo son los referéndums. A menudo se conciben como la única herramienta puramente democrática, pero hace falta tener en cuenta que siempre construyen una dinámica polarizante entre el sí y el no. En el nuevo modelo, el referéndum sólo tendría sentido después de haber agotado las otras vías. De esta manera no construimos una democracia en torno a la polarización, sino trabajando la reducción de los disensos colectivamente.

En la cultura digital el enfrentamiento no tiene sentido en sí mismo, es una cultura profundamente democrática, distribuida, no discriminatoria y noviolenta

¿Qué papel juega la noviolencia en el ciberactivismo?

Las prácticas online y de los hackers, contrariamente a la mala prensa que se ha hecho, son muy pacíficas. En la cultura digital no existe la idea de que la unión sea sagrada y no se pueda poner nunca en discusión. Cuando en una comunidad de programación hay un conflicto, de forma natural se hace una separación entre la parte que quiere seguir un camino y la que quiere seguir otro. Esta separación sí que se considera sagrada, porque las divergencias se ven como un fenómeno positivo. Un mismo objetivo se puede conseguir con metodologías diferentes, por lo que la separación implica que habrá formas más distribuidas y diversas para alcanzarlo. Por lo tanto, en la cultura digital el enfrentamiento no tiene sentido en sí mismo, es una cultura profundamente democrática, distribuida, no discriminatoria y noviolenta.  

Una de las formas de activismo a partir del uso de Internet es el hacktivismo. ¿Sus estrategias pueden comportar una vulneración de derechos?

Los que más trabajan para proteger ciertos derechos en la era digital, como la privacidad de las personas, son justamente los hacktivistas. El ámbito hacktivista es el único que está dando herramientas a la sociedad civil para poder proteger su intimidad y el derecho a la inviolabilidad de las comunicaciones. Las vulneraciones que se están viendo con la vigilancia masiva o el liberticidio en el espacio digital vienen de las instituciones; como siempre, la sociedad civil es quien aporta soluciones para defender los derechos.

¿Cuál ha sido la evolución de las diferentes estrategias del ciberactivismo?

Internet es una herramienta bastante nueva y, al mismo tiempo, de cotidianidad para casi todo el mundo. Se utiliza con más o menos conocimientos técnicos, desde acciones para la lucha social con herramientas como Twitter o Facebook, que se habían pensado como un espacio lúdico, hasta la creación de software para protegernos y de espacios para compartir información para contrastar la propaganda del régimen. Hay una capa al alcance de todo el mundo y otra más tecnológica que permite seguir utilizando y defendiendo Internet para la gente y no dejarlo en manos de los poderes fácticos de siempre.

Es importante interiorizar que la imagen y la narrativa de la violencia en la red también contribuyen a manchar una lucha que se quiere pacífica

¿En comparación con el activismo clásico, las estrategias del activismo basado en las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) tienen una influencia mayor en la ciudadanía? ¿Disfrutan de la misma credibilidad?

Desgraciadamente la influencia no es mayor, ya que los poderes fácticos están fagocitando el espacio digital. Con respecto a la credibilidad, se quiere vender la idea de que las noticias falsas (fake news) y los bots son obra de la gente común. Es la misma estrategia utilizada con la corrupción: “la corrupción es la gente”. Pero la corrupción son los ministros, los partidos o las grandes empresas, de la misma manera que las fake news son la obra de grandes medios de comunicación y partidos políticos que contratan empresas que se dedican a utilizar las redes sociales para difundir propaganda. La tecnopolítica no ha superado la propaganda del sistema, sino que la propaganda se está comiendo los espacios de libertad de la tecnopolítica.

¿Cómo afecta al ciberactivismo la llamada era de la posverdad?

Tenemos que ir con mucho cuidado porque el discurso del odio, las fake news y la criminalización de Internet son exactamente lo que quieren las instituciones para recuperar el poder perdido a causa de las redes sociales. El código penal ya trabaja el acoso, las amenazas y la calumnia, pero decir que todo eso es culpa de la herramienta es como fomentar la prohibición de la libertad de expresión y de publicación. Las fake news se difunden porque hay negocios detrás. Ningún individuo, aunque sea un influencer, tiene la capacidad de difundir masivamente información falsa, como sí la tienen los poderes y los grandes medios.

Cataluña tiene una larga tradición de activismo noviolento y de fomento de la paz. ¿Qué peso está teniendo el activismo digital en el “procés”?

Cataluña ha demostrado ser un ejemplo increíble de activismo noviolento. Incluso los medios más hostiles han tenido que reconocer que a pesar de provocaciones e infiltrados, la gente tiene muy interiorizada la importancia de la noviolencia. En la red también hay provocaciones violentas, por eso es importante interiorizar que la imagen y la narrativa de la violencia contribuyen a manchar luchas que se quieren pacíficas. Por otro lado, el único espacio para romper el bloqueo informativo que ha sufrido Cataluña ha sido las redes sociales. Igualmente, la desinformación y la propaganda se han hecho más visibles. En este sentido, todavía queda mucho trabajo por hacer y poco tiempo para llevarlo a cabo antes de que sea demasiado tarde.

Fotografía: Simona Levi, activista y fundadora de Xnet

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