Conflictos lingüísticos

Las lenguas en el conflicto ucraniano

Para entender el papel que han tenido y que todavía tienen las lenguas en este conflicto hace falta hacer un breve apunte demolingüístico de Ucrania y dibujar, también de manera concisa, las razones históricas que lo han configurado. Igualmente, es necesario dejar claras algunas ideas que aparecen de manera recurrente en los análisis que se hacen de la confrontación.

Cuando se habla de conflictos nacionales en cualquier Estado postsoviético hay que tener claro el término nacionalidad. Surgida en tiempo de la Unión Soviética, la nacionalidad no se corresponde con la ciudadanía, sino que es una herencia de sangre. Es una categoría inherente a las personas, la cuál se acostumbra a recibir por vía paterna. Por lo que respecta al caso ucraniano, los rusos de Ucrania no son ciudadanos de la Federación Rusa que viven dentro de las fronteras ucranianas, sino que son población rusa autóctona de los territorios ucranianos donde viven desde hace más o menos generaciones. Aparte de determinadas zonas del nordeste del país que sí que son ancestralmente rusas (como el área de Járkov), la mayor parte de la población rusa de Ucrania es descendiente de las grandes migraciones (voluntarias y forzadas) que empezaron al principio del s. XVII y que se acentuaron en la época soviética. Los cambios propiciados por las alianzas políticas de los s. XVI y XVII, los avances territoriales de los eslavos en detrimento de los tátaros de la Horda Dorada y el movimiento de terratenientes del centro de Rusia hacia el lado europeo del Imperio trajeron soldados y siervos de nacionalidad rusa a las fronteras meridionales del territorio que actualmente es Ucrania.

Más recientemente, durante las décadas de 1920 y 1930, la URSS impulsó culturalmente las diversas nacionalidades de la Unión; quizás, con el objetivo de evangelizar con la lengua del pueblo, de difundir el comunismo en vernáculo. Al mismo tiempo, sin embargo, el gobierno soviético estableció la obligatoriedad del ruso en todas las escuelas, y con eso inició un proceso ya irrefrenable de rusificación.

La política lingüística de los primeros años de la URSS comportó la aparición de élites culturales en muchas de las nacionalidades del Estado

La política lingüística de los primeros años de la URSS comportó también la aparición de élites culturales en muchas de las nacionalidades del Estado. Ello alimentó los sentimientos identitarios de muchos de los pueblos. Con la amenaza del panturquismo bien cerca y temiendo que estos procesos de afirmación nacional pusieran en peligro la estabilidad del gigante soviético, a finales de la década de 1930 la URSS emprendió un proceso de rusificación intensa y efectiva. Para conseguir resultados de una manera rápida, el potente gobierno central soviético se sirvió de deportaciones masivas, de migraciones forzadas y de repoblaciones muy bien calculadas con el objetivo de redistribuir la población de lengua rusa. Después de diversas oleadas migratorias, muchas de las nacionalidades se encontraron desplazadas e inmersas en entornos lingüísticos extraños. De la misma manera, la población ruso-hablante en las diversas repúblicas aumentó notablemente y, en determinadas zonas, el ruso llegó a ser el grupo lingüístico dominante. Como consecuencia de todos estos movimientos y de los paisajes nacionales y lingüísticos que se derivaron, las lenguas propias de las nacionalidades iniciaron un retroceso que, en muchos casos, ha acabado desembocando en la (práctica) desaparición.

Después de ver quién son los rusos ucranianos (o ucranianos rusos, da igual), también es necesario saber cómo se cuentan. Aparentemente parece una tarea fácil, porque los censos de los países postsoviéticos continúan preguntando la nacionalidad. En el censo de 2001 (que es el último que se hizo, y todo apunta a que tardará en actualizarse), sólo un 17,3% de la población de Ucrania se declaraba de nacionalidad rusa, contra el 78% que escogía la ucraniana.

Los censos postsoviéticos también preguntan la lengua nativa. Este término, que en nuestra tradición entenderíamos como lengua materna, es decir, nuestra lengua inicial, la primera que aprendimos de pequeños, en la tradición lingüística del Este es una cosa distinta. Es lo que nosotros conocemos como lengua de identificación: la lengua que vinculamos con nuestra identidad, sea por la razón que sea. Así, pues, en el censo ucraniano de 2001 se preguntaba a la población la lengua nativa, o sea, la lengua de identificación.

Los datos sobre lenguas en Ucrania que aparecen habitualmente en los medios son extraídos directamente de este censo. Por lo tanto, cuando nos dicen que en Ucrania hay un 67% de población de lengua ucraniana y un 29% de población de lengua rusa, en realidad nos están diciendo que, el año 2001, un 67% de la población se identificaba con el ucraniano, mientras que un 29% sentía más afinidad por el ruso. Esto es independiente de la lengua que los entrevistados hubieran aprendido de pequeños en casa y de la lengua que utilizaran habitualmente. No obstante, hay una encuesta de usos lingüísticos de 2003 que sí que aporta datos reveladores: un 45% de los ucranianos declaran que hablan ucraniano habitualmente, mientras que un 39% declaran que utilizan más el ruso. La distribución territorial de estos usos es clara: en el este y en el sur del país hay una mayoría abrumadora de hablantes habituales de ruso (casi un 90%), mientras que en el oeste se impone el ucraniano (también rozando el 90% de hablantes habituales).

Las percepciones de injusticia y de vulneración de derechos lingüísticos se dan de manera recurrente, tanto entre ruso hablantes como entre que hablan ucranio

A pesar de ello, la Constitución de Ucrania atribuye al ucraniano el papel de única lengua del Estado. Hasta la polémica aprobación de la ley de lenguas de 2012, el ruso no podía disfrutar de ningún reconocimiento oficial, aunque de facto se aceptaba como lengua vehicular en prácticamente todas las esferas de la vida diaria, incluso en el ámbito oficial y, por descontado, en la enseñanza y en los medios de comunicación. La Ley de Lenguas de 2012 establecía que una comunidad lingüística que llegara a representar al 10% de la población en un territorio concreto (ya fuera un pueblo, una ciudad, un distrito, una provincia o una región) podía pedir la cooficialidad de su lengua en este territorio. Esto comportó la promulgación del ruso como lengua oficial en muchas regiones del sur y del este (incluidas las de Odessa, Lugansk y Donetsk), así como del rumano o el húngaro en pueblos del oeste del país. En una exhibición de torpeza política de primer grado, esta ley fue una de las primeras que el gobierno provisional surgido después de la caída de Yanukóvich se propuso derogar. Y esta amenaza de derogación fue uno de los pretextos de qué se sirvieron tanto los ucranianos pro-rusos como el propio gobierno ruso para justificar una intervención armada que tenía que salvaguardar los derechos de la población ucraniana de lengua rusa.

Ucrania arrastra desde hace mucho tiempo un conflicto lingüístico muy trabado. Las percepciones de injusticia y de vulneración de derechos lingüísticos se dan de manera recurrente, tanto entre ruso-hablantes como entre quienes hablan ucraniano. De hecho, la lengua es uno de los puntos más sensibles de confrontación en el país. Además, hemos visto que la mala gestión de la política lingüística en un momento de fuerte crisis social y política ha exagerado una ruptura, que ahora mismo parece imposible de reconducir, entre las dos comunidades lingüísticas más numerosas de Ucrania. En abril de 2014, todavía cerca de un 40% de los ucranianos se mostraban favorables a la cooficialidad del ruso. Una Ley de Lenguas de base territorial y de incidencia más simbólica que palpable parecía, sin duda, la mejor salida a un conflicto lingüístico que continúa enquistado. Veremos cómo afronta el nuevo presidente ucraniano el reto de encontrar una solución pacífica al conflicto político y social del país: una salida consensuada de la confrontación lingüística sería un muy buen primer paso para emprender el camino de la paz.

Bibliografía

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Fotografía : Mstyslav Chernov / CC BY / Desaturada. – Grupo de activistas ucranios en la plaza Maidan de Kiev (febrero 2014) –

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